domingo, 18 de mayo de 2008

Preocupaciones

Es como una constante en mi vida. Debe ser el tiempo (clima) que me tiene algo alterada. Esta sucesión de días de verano-invierno-verano me alteran. Me siento fluctuando entre la alegría de sentirme viva y la sensación de melancolía (no tristeza) de los días grises. En estos días grises me asaltan las preocupaciones. Alguien, creo que más de una persona, me dijo una vez que en vez de preocuparnos por, teníamos que ocuparnos de las cosas. Yo lo entiendo, en mi cabeza, pero mi corazón y mis entrañas se preocupan. En determinados momentos sencillamente no puedo, ni quiero, ocuparme de las cosas. Que es un error, probablemente, pero el que esté libre de preocupaciones que tire la primera piedra. ¿O me vais a decir que no os preocupa nada? Sería absurdo. No digo que estemos constantemente anticipando cosas que no sabemos si van a suceder, sino hablo de esa sensación de vértigo (mariposas en el estómago) que trae consigo el mismo vivir. Yo, desde hace tiempo, tengo todo en manos de Dios (¡buenas manos!) y vivo en total confianza, convencida de que Él mejor que nadie sabrá encargarse de mis asuntos. Aun así hay momentos que ni Él mismo puede vivir por mí. Soy yo la que tiene que pasar por esos aros, y a veces duelen. Shakespeare en El Mercader de Venecia puso en boca del judío Shylock uno de los monólogos más hermosos sobre el hecho de la condición humana. Aunque Shylock era el malo de la película, un judío rencoroso y vengativo, las palabras que pronuncia son tremendas. Hace ver a los que le acusan cómo él es un hombre como cualquier otro. Es decir, cuando nos pinchan nos duele, cuando hace frío o calor lo sentimos, cuando nos hacen cosquillas nos reímos, cuando nos atacan nos defendemos, etc... Todos reaccionamos ante los estímulos externos a nosotros. Por eso, no me importa manifestar que hay cosas que me p-r-e-o-c-u-p-a-n. Lo contrario sería como admitir que ya estoy por encima del bien y del mal, que soy totalmente espíritu y no carne. Pues no. Soy de carne y hueso, y a veces me duele vivir. Tranquilos, sigo pensando que a pesar de los nubarrones merece la pena "tirarpalante" con los ojos siempre fijos en Dios.

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