sábado, 1 de noviembre de 2008

Jacksonville


Al norte del Estado de Florida (EEUU), a orillas del río St. John, está la ciudad de Jacksonville, casi ya en el estado de Georgia. Allí viven Francis y Judith MacNutt, matrimonio dedicado desde hace años a ayudar a otras personas con su oración. Los MacNutt fundaron hace años los Christian Healing Ministries (Ministerios Cristianos de Sanación) y a través de ellos han formado y ayudado a muchas personas. Los CHM y el ICCRS (Servicios Internacionales de la Renovación Carismática Católica) han celebrado por segundo año un encuentro de Oración de Sanación allí en Jacksonville. El año pasado se celebró en mayo, y este año ha sido del 20 al 25 de octubre. Como algunos ya sabéis, llevo ya 10 años traduciendo en distintos encuentros de ICCRS, y tuve la suerte de estar en Jacksonville el año pasado y ahora este año. El año pasado fui sola y allí conocí a gente maravillosa y entregada. Volví cargada de grabaciones y de vivencias extraordinarias. Compartí parte de lo vivido en Pozuelo y eso parece que animó a otros a venir este año a Jacksonville. La verdad es que ha sido estupendo viajar con otros para allá. El año pasado fui sola, y el viaje tanto de ida como de vuelta se me hizo eterno. Este año ha sido mucho más agradable. En total viajamos diez juntos: Lázaro, Josune, Belén, Luci, Mariaje, Jose Carlos, Xabi, María, Mamen y yo. Ha sido una gozada de compartir, fraternidad, buenas risas, algún llanto, etc... Y sobre todo mucho AMOR. Allí, en Jacksonville, he vuelto a encontrarme con hermanos y hermanas de América que conocí el año pasado. Me ha encantado volver a encontrarme con todos ellos. He vuelto a compartir cabina de traducción con mi querida Marta (Vargas-McGlade); aunque más que cabina parecía la tele de los Picapiedra. He disfrutado un montón "trabajando" con ella. Es una delicia de persona llena de alegría y cariño. Han sido días muy intensos, de mucha presencia de Dios.
Empezábamos a las 9 de la mañana todos los días con una hora de alabanza animada por el ministerio de música de la comunidad Aleluya. A mí me encanta como cantan y como animan la alabanza. Son un grupo de matrimonios, ya talluditos, pero con muchísima unción. Con toda sencillez, sin grandes medios, nos llevaban a un momento de fiesta y pura alegría. ¡Una gozada! Después había enseñanza-descanso-enseñanza y llegaba la hora de comer. Comíamos pronto (12:30) y a las 2:30 volvíamos a tener enseñanza-descanso-Misa y a cenar. Cenábamos a las ¡5:30 de la tarde! A las 7:30 volvíamos para un rato de alabanza y había otra enseñanza. Solíamos terminar sobre las 9:30 o 10, aunque ha habido días que terminábamos más tarde. ¡Agotador! Por la noche nos reuníamos los 10 para un momento "Heineken", como diría Encarna.
Nos han hablado de muchas cosas. En total 20 enseñanzas y 6 homilías. Hemos visto muchas cosas. Hemos sido testigos de la acción de Dios en vivo y en directo. Hemos alabado, cantado y bailado. Hemos recibido una nueva efusión del Espíritu Santo. Han orado por todos y algunos nos hemos sanado interiormente. Algunos hemos descansado en el Espíritu. En 6 días hemos recibido bendición tras bendición. La verdad es que es difícil poner palabras a tanta maravilla. Supongo que cada uno de los que hemos asistido iremos poco a poco contando todo lo vivido. Yo sólo puedo decir que este ministerio de la Sanación no se trata de otra cosa que de amar al otro como Dios nos ama. Es entrar en la dimensión de las entrañas misericordiosas de nuestro Señor y desde ahí escuchar, amar y orar por tanto dolor, tanta enfermedad, tanta herida, tantas cosas que nos duelen. Ahora nos toca ponernos manos a la obra. No nos podemos quedar quietos, no podemos callar las maravillas que el Señor puede y quiere hacer en este mundo roto y doliente. En el nombre de Jesús todo es posible. Ya lo dijo el Señor: "En mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas...; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien." (Marcos 16, 17-18)
No puedo más que dar gracias a Dios por permitirme ser testigo y partícipe de este maravilloso encuentro en Jacksonville y por cada uno de los hermanos que me han acompañado durante estos días.

2 comentarios:

Encarna dijo...

Qué buenos son los momentos heineken .Siempre van después de algo espiritual.Son la bomba.Estos momentos los de Madrid me los atribuis a mí , pero en verdad son momentos navarros

Encarna dijo...

probandoooo